A la búsqueda de soluciones en tiempos de pandemia. La vacuna contra el cólera de Jaime Ferrán (María José Báguena)

La aparición de una enfermedad infecciosa de causa desconocida que se propaga a gran velocidad, con el resultado de un elevado número de contagiados y fallecidos, lleva a la búsqueda desesperada de tratamientos eficaces y a la aplicación de medidas de contención. Mientras esa búsqueda consigue resultados, se desata el pánico en la población que presiona a políticos y científicos para que los obtengan. Este fue el caso del cólera.

A comienzos del siglo XIX, Europa se vio afectada por la primera de las cinco grandes pandemias de cólera que cruzaron el continente desde el valle del Ganges, su foco endémico originario. Este contacto inicial con una enfermedad que hasta entonces no había salido del subcontinente hindú, ocasionó alrededor de trescientas mil muertes. En 1883, en el transcurso de la cuarta pandemia, mientras se intentaba sin éxito contener la propagación de la enfermedad con medidas tan polémicas como los cordones sanitarios, Robert Koch descubrió su germen causante, el vibrión colérico, y su mecanismo de transmisión por vía digestiva. La Academia de Medicina del Instituto de Francia incentivó las investigaciones sobre un remedio curativo mediante la creación en 1884 del premio Bréant, dedicado al descubridor de un tratamiento específico para el cólera. A pesar de la gran cantidad de trabajos presentados, el premio se declaró desierto ese año. En 1907, esta distinción le fue concedida a Jaime Ferrán y Clúa, descubridor de la primera vacuna contra el cólera (Báguena, 2019).

Jaime Ferrán ejercía como médico en Tortosa cuando Koch dio a conocer sus estudios sobre el cólera en 1884. Seguía puntualmente los trabajos de Louis Pasteur y en el pequeño laboratorio habilitado en su domicilio tortosino preparó unas vacunas contra el carbunco y contra el mal rojo de cerdo, a partir de las técnicas desarrolladas por el microbiólogo francés. Como método de obtención de la profilaxis del cólera, propuso el mismo que había utilizado Pasteur para la prevención del cólera de las gallinas: la inoculación de un filtrado de la sangre de los coléricos, de virulencia atenuada y graduable según se necesitara. Ese mismo año la epidemia había llegado a Europa y el Ayuntamiento de Barcelona nombró una comisión para que estudiara en Marsella los efectos de la enfermedad y las medidas llevadas a cabo para su contención. Ferrán formó parte de esa comisión como bacteriólogo y visitó los hospitales de coléricos de Marsella y también de Tolón, en donde aisló y cultivó el vibrión colérico. Regresó a Tortosa llevando consigo cultivos de gérmenes coléricos vivos, que logró esconder para que no se los requisaran en la aduana. Con ellos comprobó que las inyecciones subcutáneas de gérmenes vivos inmunizaban frente a dosis mortales del mismo germen. Tras comprobar el efecto de esta nueva vacuna en sí mismo y en varios familiares y amigos, comunicó su hallazgo a la Academia de Medicina de Barcelona, que emitió un informe favorable sobre este método profiláctico (Carreras, 1884-85).

El Dr. Ferran en la vacunación masiva de València – College of Physicians of Philadelphia

En noviembre de 1884 un brote de cólera en Beniopa (Valencia) llevó a la citada población a Amalio Gimeno y Manuel Candela, profesores de la Facultad de Medicina de Valencia y miembros de la Junta Provincial de Sanidad, quienes certificaron oficialmente la presencia de la enfermedad tras recoger muestras de los enfermos y lograr cultivar el bacilo. Conocedores de los trabajos de Ferrán, acudieron a su laboratorio de Tortosa junto a los también profesores de la facultad Pascual Garín y Pablo Colvée, y se autoinocularon con la nueva vacuna anticolérica. Cuando el cólera llegó a Valencia en abril del año siguiente, se intentó no alarmar a la población. En una sesión del Ayuntamiento se pidió al alcalde que las medidas para frenar la expansión de la enfermedad fueran discretas, e incluso que se ocultara que ya había casos en la capital (Actas, 1885). Un mes después la situación era tan grave que las autoridades, aconsejadas por Gimeno, llamaron a Ferrán para que aplicara su vacuna en la ciudad de Valencia y en los pueblos acometidos por la epidemia. Entre los primeros vacunados figuraron profesores de la Facultad de Medicina y alrededor de doscientos médicos.

La polémica sobre la utilidad de la vacuna estalló muy pronto. Los ferranistas, encabezados por Gimeno, defendían su eficacia, mientras sus detractores argumentaban que sus estadísticas no siempre eran fiables y que el líquido inoculado no producía un cólera atenuado, sino que aumentaba la receptibilidad ante el vibrión y, por tanto, el número de contagiados. La polémica se trasladó a Madrid en donde Gimeno en el Ateneo Mercantil y Emilio Castelar en el Congreso de Diputados, defendieron la vacuna de Ferrán. Con el fin de verificar la utilidad del procedimiento profiláctico de Ferrán, el Gobierno nombró una comisión médica integrada, entre otros, por el catedrático de Histología Aureliano Maestre de San Juan. La comisión dictaminó que la vacuna no era peligrosa, pero que las estadísticas eran insuficientes y recomendó que un delegado del Gobierno vigilara las vacunaciones y que solo Ferrán las efectuara. Ello impedía la vacunación masiva, por lo que Ferrán decidió seguir contando con la ayuda de Gimeno, Candela y Garín, entre otros, para inocular la vacuna e intentar frenar una epidemia que a principios de julio ocasionaba unas 500 invasiones y 300 muertes diarias.

Tras producirse varios fallecimientos entre las religiosas del Asilo de las Hermanitas de los Pobres vacunadas por Ferrán, la polémica se recrudeció. Se le acusó de ocultar la composición de la vacuna, aunque la había publicado antes de comenzar la campaña reservándose solo el procedimiento de fabricación industrial (Ferrán, 1885). También recibió críticas porque cobraba por vacunar (excepto a los pobres de solemnidad), a pesar de que corría con los gastos de fabricación y no recibía ninguna subvención oficial. El Gobierno nombró una segunda comisión, que siguió las vacunaciones efectuadas en varias poblaciones y emitió un dictamen negativo que tuvo como resultado la prohibición de que nadie, fuera de Ferrán, pudiera vacunar. Ante esta situación, Ferrán regresó a Tortosa. Había realizado unas 30.000 inoculaciones, con tan solo 54 vacunados fallecidos (Ferrán, 1886).

Numerosas comisiones nacionales y extranjeras acudieron a Valencia para estudiar la aplicación de la vacuna. La Diputación de Zaragoza encargó a Santiago Ramón y Cajal, por entonces catedrático de Anatomía en Valencia, que informara sobre el valor profiláctico del procedimiento de Ferrán. Cajal afirmó que era una vacuna peligrosa al contener gérmenes vivos. Una comisión francesa presidida por Paul Brouardel y que llevaba una carta de presentación de Louis Pasteur, concluyó que Ferrán anteponía sus intereses económicos a los científicos, mientras que el dictamen de la comisión británica fue abiertamente favorable. La vacuna anticolérica no solo enfrentó a los científicos, sino también a los políticos, como señaló el propio Ferrán: “Bastó que el ministro [de la Gobernación] Sr. Romero Robledo se declarara adversario de la vacunación para que sus enemigos políticos formaran entre nuestros partidarios, sin ayudar nosotros a esta división de opiniones que más dificultaba que favorecía nuestros trabajos” (Ferrán, Gimeno y Pauli, 1886, p. 223).

El reconocimiento internacional a Ferrán sobre la prioridad de su vacuna anticolérica tardó en llegar. Waldemar Haffkine no lo citó cuando dio a conocer su propia vacuna, a pesar de que la técnica empleada era muy similar. Finalmente, el premio Bréant le reconoció la iniciativa de la inmunización preventiva del hombre contra el cólera, subrayada también por Paul Ehrlich: “Considero principalmente al Dr. Ferrán como el científico que ha conseguido en primer lugar la inmunización activa del hombre por bacterias de una forma admirable y con un objetivo determinado” (Ehrlich, circa 1900).

En 1981, un estudio de George Bornside sobre las estadísticas de la campaña de vacunación realizada en Alcira comprobó su eficacia en el 80.9% de los vacunados y en el 92.5% de los revacunados, mientras murieron el 51.8% de los no vacunados (Bornside, 1881).

Para controlar el cólera se pusieron en marcha medidas ya utilizadas en pandemias anteriores, como los cordones sanitarios y las cuarentenas, se estimuló la investigación científica, que logró la identificación del germen causal y el desarrollo de una vacuna, las autoridades ocultaron la aparición de la enfermedad para evitar el colapso de la economía y no alarmar a la población, que vivía con miedo la llegada del cólera desde los países vecinos. Aislamiento, búsqueda de una vacuna, repercusiones económicas, miedo de la población y desconfianza ante la información recibida que, una vez más, encontramos en la actual pandemia de la covid-19.

María José Báguena Cervellera, es Profesora Titular de Historia de la Ciencia en la Universidad de Valencia y miembro del Instituto Interuniversitario López Piñero. Es especialista en la historia de las enfermedades infecciosas.


Bibliografía

“Actas de sesiones del Excmo. Ayuntamiento de Valencia del año 1885. Sesión del 15 de abril”. Archivo Municipal de Valencia.

Báguena, María José (2019), “Jaime Ferrán y la vacunación anticolérica”. En: Carrascosa, Alfonso; Báguena, María José (eds.), El desarrollo de la Microbiología en España. Volumen I, Madrid, Fundación Ramón Areces, pp. 105-126.

Bornside, George H. (1981), “Jaime Ferrán and preventive inoculation against cholera”, Bulletin of History of Medicine, 55, 516-532.

Carreras et al. (1884-85), “Informe sobre el micro-organismo colerígeno de Ferrán”, Crónica Médica, 8, 468-472; 493-503; 526-533.

Ehrlich, Paul, Carta al abogado barcelonés Juan Sol y Ortega escrita en Frankfurt entre 1900 y 1915. Conservada en el Museu-Fundació d’Història de la Medicina de Catalunya.

Ferrán, Jaime (1885), “Sur l’action pathogène et prophylactique du bacillus virgule, lettre de M. Ferrán, séance du 13 avril 1885”, Comptes Rendus des séances de l’Académie de sciencies, 100, 959-962.

Ferrán, Jaime (1886), “Estadística de la inoculación preventiva del cólera morbo asiático”, 2 series, Valencia, R. Ortega.

Ferrán, Jaime; Gimeno, Amalio; Pauli, Inocencio (1886), “La inoculación preventiva contra el cólera morbo asiático”, Valencia, R. Ortega.

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